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No es la hora de rencores, sino de sueños y esperanzas

Cuba atraviesa uno de los momentos más desgarradores de su historia: en los últimos tiempos ha aumentado la crisis económica y social que padecemos hace décadas.

Por Jaime Javier Veiga Alonso

                                     ¨Mi trabajo es cantar todo lo bello, encender el entusiasmo de todo lo noble,  admirar y hacer admirar todo lo grande¨ José Martí

Cuba atraviesa uno de los momentos más desgarradores de su historia: en los últimos tiempos ha aumentado la crisis económica y social que padecemos hace décadas.

El supuesto ordenamiento económico ha resultado en una mera dolarización feroz que sin mejorar la incapacidad productiva que arrastramos, ha generado mayor pobreza. El salario en moneda nacional que aumento en cifras pero disminuyo en poder real, más bien, ha provocado una disminución del poder adquisitivo y no un aumento de este. Como resultado la inmensa mayoría de las familias cubanas crecen en precariedad y los ancianos que laboraron tantos años cuentan con ingresos ridículos que lesionan su dignidad y cuestionan la gestión del gobierno; no solo del equipo actual, sino también de quienes lo precedieron.

El deterioro es enorme y las condiciones para revertirlo son lamentables. Quizás no quede tiempo para impedir estar en el escusado del mundo, pero sé que es grande el talante de tantos cubanos que nos resistimos a que esto suceda.    

Muchísimas son las posiciones y propuestas que nos indican los modos de transitar a un presente mejor, de bienestar, democracia, libertad y justicia. Debemos revisar, por ejemplo, las agendas contrarias a la discriminación racial y defensoras de las proyecciones LGTBI. Los proyectos garantes del medio ambiente y los animales. El Observatorio Cubano de Derechos Humanos, el Cuban Study Group, La Joven Cuba, El Toque y el Centro de Estudios Convivencia. Los medios de prensa 14ymedio y OnCuba. El extinto Laboratorio de Ideas Cuba Posible.  

Coloco como ejemplo a Cuba Humanista. Esta ofrece una alternativa democrática, que, desde una manera distinta de promover los cambios en Cuba, intenta encaminar al país hacia el desarrollo y la soberanía. Para ello, impulsa un proceso de transición pacífica y ordenada hacia la democracia y hacia una economía social de mercado: desde la responsabilidad y el consenso reflexivo que valora el papel de la familia y que entiende la política como un servicio público a favor del proceso de reconstrucción del país, a partir de bases legales y cívicas, donde la ciudadanía sea el actor principal del cambio. Lo cual ejecuta hasta ahora por medio de propuestas específicas sobre asuntos particulares, pero fundamentalísimos a la vez.  

Entre estas podemos encontrar: Medidas humanitarias a favor de la familia cubana (Cuba Humanista. Propuestas y Declaraciones), Bases para una reforma educativa (Cuba Humanista. Propuestas y Declaraciones), Medidas para el inicio de la recuperación económica desde el emprendimiento (Cuba Humanista. Propuestas y Declaraciones), y el Reclamo por un regreso justo y correcto políticamente de las remesas a Cuba (Petición · Miguel Diaz-Canel: Restablecimiento de operaciones de Western Union en Cuba y remesas en dólares. · Change.org). Todo ello precedido por el documento Bases para una reforma política consensuada en Cuba (Bases para una reforma política consensuada en Cuba: cuestiones generales y constitucionales – América 2.1 (americanuestra.com)) suscrito por Elena Larrinaga y Yaxys Cires Dib.

Subrayo además de Cuba Humanista, su empeño por un cambio sin perdedores, construido entonces lejos del odio. Si bien ello no debe implicar la ausencia de crítica política, ni la firmeza al sostener posiciones alejadas del gobierno cubano. Por el contrario, José Martí advierte que “los debates continuos, brutales a puro francos, de la contienda política, robustecen en el hombre el hábito de expresar su opinión y atender a la ajena” (Esc. México Vol. II, p. 882). Pero asimismo debemos evitar que las discrepancias con los gobernantes de la Isla lesionen nuestro civilismo, las oportunidades de cambio que debemos producir.

Es comprensible que lo anterior se dificulte porque el gobierno no acepta ninguna ruta emancipadora, sino que las criminaliza, ya sea por fundamentalismo ideológico o porque teme que cualquier cuota de libertad en la ciudadanía implique su derrocamiento total. Sin embargo, tampoco esto debe condicionarnos y convertimos en aquello que criticamos.   

Sería conveniente una vía plural. Solo juntando las ideas, las voces, la acción, podremos construir la ciudadanía activa que hoy reclama el Estado de Derecho que merecemos. No es la hora de rencores, sino de sueños y esperanzas, únicamente posible a través del humanismo, del arrojo político y de un abrazo capaz de sostener el bienestar, la democracia y la libertad.

Last modified: 1 de julio de 2021
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