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Breves notas sobre el Movimiento Humanista en Cuba

Los últimos sesenta años han hecho de la desmemoria social una especie de virtud, impuesta por el régimen para legitimar modos de hacer, siempre «de nuevo tipo», sin posibilidad de comparación, cuestionamientos, o enlace con nuestra historia y tradiciones.

por Eloy Viera Moreno

Según Luz y Caballero, «el hombre no puede esquivar su ascenso, ni huir a su responsabilidad», entre otras, por dos razones: «el plan providencial del universo, y la ciencia y conciencia de la razón humana, como leyes universales grabadas en todos los entendimientos y en todos los corazones»[1].

Antecedentes históricos

Los últimos sesenta años han hecho de la desmemoria social una especie de virtud, impuesta por el régimen para legitimar modos de hacer, siempre «de nuevo tipo», sin posibilidad de comparación, cuestionamientos, o enlace con nuestra historia y tradiciones. Esa condición ha afectado también a quienes disentimos de la ideología del poder, influenciados, además, por la post modernidad con sus vertiginosas invenciones tecnológicas, en ocasiones culpables de propiciar una apuesta «virtual» por el ser humano. Lo cierto es que el Humanismo, en el sentido amplio de apreciar la condición humana y la justicia social, ha formado parte de los «ingredientes» de la cubanidad, desde la defensa de los indígenas por Las Casas, pasando por los sacerdotes Caballero y Varela, los laicos Luz y Martí, hasta el siglo XX, cultivado por algunas figuras que paso a recordar.

Si bien el Humanismo en Cuba parte de simiente cristiana, particularmente católica, ya en la vigésima centuria intelectuales como Francisco Ichaso, desde una posición laical e incluyente, lo divulgaron como opción política, sobre todo en contraposición a los regímenes totalitarios[2], antes de que los «derechos humanos» fueran conceptualizados como «universales» por declaración de las Naciones Unidas. Otro destacado difusor de esta cosmovisión, partiendo siempre de su ejercicio por los padres de la cubanidad, fue Medardo Vitier, desde la cátedra o la divulgación en conferencias por toda Cuba, especialmente iluminando a los cubanos sobre el carácter eminentemente humanista del pensamiento martiano. Ellos, y otros no mencionados, cada uno con sus matices, vinculaban la propuesta de acción social del humanismo con el liberalismo democrático.

El Movimiento Humanista

Sin embargo, como movimiento cívico no fue hasta 1950 que se hizo el primer intento por organizarse alrededor del Humanismo. En el instituto Marista de La Víbora, en La Habana, un grupo de jóvenes católicos comienza a reunirse asesorados por el Hermano Santiago Alejo. Entre los más conocidos de aquel primer grupo se encuentran:

  • Andrés Valdespino
  • Amalio Fiallo
  • Ángel del Cerro
  • Mario Parajón
  • Rubén Darío Rumbaut
  • René Alonso
  • Walfredo Piñera

Estos jóvenes desarrollaron en su momento una activa labor cívica y política, ésta última en casi todos los casos desde el Partido del Pueblo Cubano (PPC, Ortodoxo), aunque lo abandonaran tras el suicidio de su líder. Ante la confusión política del momento y la abundante corrupción en nuestra práctica política nacional, el grupo comienza con la aspiración de transitar a través de un movimiento cívico, hacia un partido político incluyente[3]. Sobre su vitalidad, un testimonio de Francisco Ichaso describe[4]:  

«En este movimiento participó Rubén Darío Rumbaut. Usted prevé para el porvenir cubano tres tendencias ideológicas: una conservadora; otra de inspiración cristiana; una tercera superadora del demoliberalismo y socializante. El enfoque resulta clarísimo, a nuestro juicio, aunque creemos que las dos últimas fuerzas que usted cita no tienen fronteras tan distintas que no puedan ni deban integrarse en un solo organismo. Dejando esta opinión a un lado, sin embargo, puesto que pertenece al riesgoso renglón de las profecías, queremos decir a usted y por su medio al pueblo de Cuba, que la segunda tendencia a que su artículo se refería existe ya entre nosotros organizada, y que no es un resultado más de la desarticulación nacional producida después del 10 de Marzo de 1952, sino que se fundó a fines de 1950 con la denominación de Movimiento Humanista, para llenar el “vacío ideológico”, el “vacío histórico” que desde entonces ya existía en nuestra patria.»

Varios sucesos acaecidos alrededor de la creación del movimiento le impidieron desarrollarse. Primero el suicidio de Eduardo Chibás en agosto de 1951 —en quien muchos cubanos habían cifrado sus esperanzas para las próximas elecciones presidenciales—, agregando más incertidumbre a un panorama político bien enmarañado, entre otros factores, por su propia febril e inconexa actividad de barricada que lo llevaría a la muerte. Después, a escasos meses de los comicios, el «madrugonazo» de Fulgencio Batista y la subsecuente ola de censura de prensa, represión y males de todo tipo.  Por último, la violencia revolucionaria se impuso como vía aceptada por muchos para derrotar la tiranía, opción difícil de conciliar con las ideas humanistas.

Como una premonición, los miembros del grupo se habían reunido un plácido domingo en la casa de uno de sus miembros, el Dr. René Herrera Fritot, en Cojimar, para lanzar el primero y único número de su revista «Baraguá», bajo el lema «Ante un Zanjón de claudicaciones, un Baraguá de rebeldía». En el ejemplar, simbólicamente, un artículo de Antonio Cejas, «Se ha acabado el caudillismo político en Cuba», daba respuesta a unas recientes declaraciones de Batista anunciando estaba dispuesto a retirarse del panorama político cubano a su «rancho» de Daytona Beach. A la mañana siguiente, 10 de marzo de 1952, todos amanecieron bajo un régimen de facto impuesto por el «Lechero» en horas de la madrugada —entonces se repartía la leche puerta por puerta en las horas inmediatamente antes del desayuno—.

Como otros tantos movimientos cívicos o políticos, el humanista dejó de funcionar. Sin embargo, la mayoría de sus miembros, desde sus convicciones, se colocaron en la oposición abierta al régimen. Walfredo Piñera, destacado crítico cinematográfico en la prensa nacional, colaboró repartiendo bonos del Movimiento 26 de Julio y distribuyendo ejemplares de «La Historia me Absolverá». El Dr. Andrés Valdespino, Presidente nacional de la Juventud Católica Masculina, profesor de la Universidad Católica de Villanueva, destacado columnista en los medios cubanos más importantes, describió así el centenario del Apóstol en la revista «Bohemia»: «Están llenas las cárceles de presos políticos. Y es ya larga la lista de cubanos que han tenido que abandonar la República. La sangre, las rejas y el exilio engendran rencores, angustias y resentimientos que penetran muy hondo y tardan mucho en extinguirse». Ruben Darío Rumbaut, quien fuera dirigente de la Juventud Católica Cubana, psiquiatra de profesión, poeta y conocido periodista de los medios nacionales —procedía de una familia donde ambos padres fueron escritores y periodistas—, publicó mientras lo permitió la censura, candentes críticas contra Fulgencio Batista, describiéndolo en artículo de 1953 como «el hombre que ha derrocado a cuatro presidentes cubanos en un período de veinte años».

¿Por qué no devino en partido político el Movimiento Humanista? No existe una respuesta sencilla. En primer lugar por los acontecimientos antes mencionados, coincidentes con su fundación. Después, al decir del propio Piñera:

«No puedo dar una respuesta concluyente, aunque me inclino a compartir el criterio de algunos respecto a que nuestro episcopado prefería “católicos en todos los Partidos y no un Partido de católicos”. Esto es fácil objetarlo hoy, pero no olvidemos el desprestigio moral de nuestra vida política, al que la Iglesia no quería mezclarse. Se nos presentó una situación ambigua, como miembros de la Acción Católica no se nos permitía participar en ningún Partido político, entonces el perfil específicamente católico del Movimiento se fue limando, y nos sumamos a la corriente revolucionaria. Teníamos la convicción de la necesidad de una revolución que se iba gestando y llegaría tarde o temprano. Hubiésemos querido fuese cristiana, pero no resultó así.»

En 1954, en medio de la «apertura» desarrollada por el régimen de facto, se intentó nuevamente la creación de un partido político sobre la base del Humanismo, como alternativa al cansancio provocado en los cubanos por la politiquería tradicional. Entre los políticos promotores de la idea se encontraban Guido García Inclán, Gastón Baquero, Jorge Mañach, Francisco Ichaso, Rafael Suárez Solís, Roberto Esquenazi, y Arturo Alfonso Roselló. Siguiendo el orden del huevo o la gallina, resultaba contradictorio formar un partido político mientras no existiera una verdadera normalidad institucional y un régimen de reconocidas libertades públicas —lo contrario hubiera convalidado una situación que descansaba en la arbitrariedad y la fuerza—. Por otro lado, prácticamente todos los opositores estaban convencidos que las elecciones propuestas y celebradas por Batista ese año nada cambiaría. Ante tanta ambigüedad la quimera no prosperó.

Humanismo, revolución, demagogia y Marxismo

Con el triunfo de la revolución nacionalista de enero de 1959 la totalidad de los miembros fundadores del Movimiento se sumaron al curso revolucionario. Piñera confesaría años después: «Yo estaba esperando por aquella Revolución, y la acogí con entusiasmo». Valdespino llegó a ser Sub Secretario de Hacienda del gobierno revolucionario y laboró por la Reforma Agraria. Del Cerro fue Director General de Cultura en el Municipio de La Habana, defendió su Iglesia tanto como pudo desde las páginas de la prensa nacional, e intentó encontrarle puntos de encuentro a los católicos con el proceso social que se desarrollaba vertiginosamente. Rumbaut, por su parte, en mayo del propio año del triunfo, después de describir nuestra responsabilidad con América Latina alcanzada la soberanía sentenció: «Hoy estamos en la alborada de esa trascendencia, de esa culminación. Todos los pueblos de nuestro continente y de los otros continentes nos contemplan».

Una aclaración necesaria antes de continuar. Todos los humanistas cubanos, tanto los de origen cristiano como aquellos sin credo religioso —algunos de ellos severos críticos de la influencia de la Iglesia en la política y la vida nacional—, eran públicamente opuestos a la aplicación del Marxismo en el futuro de Cuba, especialmente a lo que llamaban «caer en la promesa chino-soviética».

Particularmente Rubén Darío, imbuido del triunfalismo y efervescencia social acompañante del triunfo revolucionario, trabajó por rescatar el Movimiento, percibiendo que el Humanismo era compatible con el proceso político.

El propósito no era descabellado, y hasta resultó coincidir con la opinión de buena parte de los revolucionarios interesados por el desarrollo futuro del proceso. El Movimiento 26 de Julio, principal fuerza política del momento, no disponía de una explícita ideología, sólo de un programa de menos de una decena de propósitos socio-económicos. El porvenir se debatía entre las fuerzas nacionalistas a favor de la justicia social y de la soberanía —sobre todo con respecto a las relaciones con Estados Unidos—, y un grupo de líderes revolucionarios que ganaban tiempo y poder para efectuar un giro al Marxismo, mediante demagogia y acciones solapadas.

Durante los meses de marzo y abril se debatió ampliamente en la prensa nacional el carácter humanista de los cambios del momento —incluido el periódico «Revolución», órgano del Movimiento 26 de Julio, y exceptuando al diario «Hoy» con su propuesta del «humanismo socialista» europeo—, siempre en contraposición —y como opción alternativa—, al capitalismo injusto y a la masificación marxista. Hábilmente Fidel Castro se montó sobre esa ola. El argumento resultó muy conveniente incluso de cara al exterior: en marzo, recién nombrado Primer Ministro, en entrevista a la prensa norteamericana declaró: «La ideología del Movimiento 26 de Julio, que es la ideología de la justicia social dentro de los límites de la más amplia libertad, democracia y respeto a los derechos humanos, es la cosa más hermosa que puede ofrecerse a un hombre… [La Revolución] es, al propio tiempo un movimiento revolucionario y un movimiento democrático con un amplio contenido humano».

Sin embargo, donde sus argucias alcanzaron el estrellato fue en la visita a los Estados Unidos de abril del propio 1959. Primero, ante un senador republicano confesó «Nosotros somos devotos de la libertad, la democracia y los derechos humanos reconquistados en nuestra patria». Unas horas más tarde, ante la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado aseguró «Nuestra revolución es humanista». Ese mismo día, ante más de un millar de editores de periódicos norteamericanos hizo una expresión de fe: «Creo en la democracia humanizada en que se da al hombre oportunidad de trabajar y de comer». Para despedirse, ante las cámaras de la cadena televisiva NBC aseveró, sin movimiento de músculo facial alguno: «hemos respectado la libertad de pensamiento, la libertad religiosa y los derechos humanos… Llamamos a nuestros ideales humanistas». En ese momento los fusilados por juicios sumarísimos en la Isla se contaban ya por decenas.

Cómo terminó todo es harto conocido. Los «humanistas» fueron empujados al exilio, preteridos o condenados al ostracismo, o incluso encarcelados.

Rubén Darío Rumbaut, como tantos otros, abordó un avión con rumbo al Norte el primero de enero de 1960. Llevaba una maleta familiar para ocho miembros, de los cuales ninguno hablaba inglés. En los bolsillos 450 dólares norteamericanos. El regreso sería pronto. Cuarenta y tres años y varios nietos después fallecería tranquilamente en la tierra que lo acogió, rodeado de sus descendientes, ya ajenos a una isla donde soñó predominarían los ideales humanistas.


[1] Biblioteca de Clásicos Cubanos, José de la Luz y Caballero. Obras Aforismos, Vol. I, p. 133, Nº 179, Casa de Altos Estudios Don Fernando Ortiz, Universidad de La Habana, Fundación Zulueta, España, 2001

[2] En 1937 publicó el libro «Defensa del Hombre», uno de cuyos ensayos, publicado en la prensa, ganó el prestigioso premio periodístico «Justo de Lara».

[3] Por este propósito recibieron algunas ácidas críticas de políticos «profesionales» —probablemente temerosos de perder terreno en los comicios—, sintetizadas en la frase del abogado Joaquín López Montes, del Partido del Pueblo Cubano (PPC, Ortodoxo): «¡Es un ajiaco de personalidades contrapuestas que nada dice al pueblo!»

[4] Revista “Bohemia” del 10 de octubre de 1954, Año 45, Nº 41, p. 58, sección “Cabalgata política” por Francisco Ichaso, “Sobre la tentativa de nuevos partidos: el Movimiento Humanista”.

Last modified: 2 de julio de 2021
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